Salute

El recuerdo de la primera vez que vi la Basilica di Santa Maria della Salute sigue siendo una de las impresiones más abrumadoras que conservo de la estancia en Venezia. Hoy, que se celebra en la ciudad la fiesta que lleva su nombre, vuelvo a leer el imprescindible poema que Guillermo Carnero le dedicó en los años setenta.

Desde la Dogana di mare, cualquier verso es posible.

 

Labios impacientes

Los labios impacientes de la noche te sanan
mientras abren el olor de la piedra
te conducen si acosan el alma de la piedra
si el tierno corazón mineral beben

es tu hora es la noche

así, dirás que te han robado como un vino novicio
y te harás piedra aguda como un líquido agudo
limpia como opio de oro
y serás tregua tuya
y alianza

así, dirás que la que es contigo y lleva un aire
desigual a balanza entre estrellas
la idéntica más favorable
tu obra nocturna rara
es la que muestra sonrisa y griterío
palabras como estrellas
y escucha un piano terso como un estrella, estrellas.

(De una niña de provincias que se vino a vivir en un chagall, Blanca Andreu)

Venecia sin ti (nove)

Campo Santa Margherita, la plaza donde se reúne buena parte de la juventud veneciana, atardeció hoy especialmente ruidosa entre aporreos de cacerolas, gritos de protesta y música en directo. No seguí la concentración desde el principio así que desconozco si estaba ya programado o si fue una feliz coincidencia que una vez terminada la protesta contra el desmantelamiento de la universidad pública italiana un grupo de músicos se haya puesto a tocar canciones de denuncia político-social.

Me encontré con el espectáculo de pura casualidad. Salí a comprar una tarjeta telefónica a un establecimiento que hay en Santa Margherita. Pasé de largo por un grupo numeroso de personas que rodeaban algo que no acerté a ver. Seguí caminando hasta que el sonido de una trompeta que comenzó a sonar me hizo volver irremediablemente.  Avancé  hasta la primera fila y conseguí leer en la carátula de un cd el nombre del grupo, “Rimbarán”. Dos guitarras, un tambor, una trompeta, una flauta travesera y la voz del cantante consiguieron hacer bailar a media plaza. Sus letras hablaban de respeto entre culturas, de extranjeros sin patria, de igualdad social.

Y allí, entre pancartas reivindicativas, canciones a la libertad y el VivaGalicia! del trompetista, no dejaba de pensar que en estos momentos, en esta Europa premiada, más que una moneda o un parlamento, lo que de verdad nos une a los/as jóvenes de Portugal, España, Italia o Grecia es la lucha por nuestro  futuro para que, al menos, sea mejor que nuestro presente.

Venecia sin ti (sei)

Amore. Escucho esta parola en la calle a cada paso: en saludos amistosos (entre hombres, entre mujeres, entre mujeres y hombres), en respuestas telefónicas, madres y padres llamando a sus hijos… Se pronuncia libremente en público y en cualquier lugar, sin pudor. Eso es lo extraordinario.

La familiaridad de la palabra, aun en italiano, no me es ajena, igual que para algunas de las personas que sé que leerán este post y que tanto echo de menos. Para ellas va, por supuesto, con tutto il mio AMORE.

 

Venecia sin ti (cinque)

Sentada en un banco en Campo Santa Margherita, asisto a una tradición peculiar de la vida universitaria italiana: estudiantes de arquitectura disfrazan a una recién graduada, intuyo, con flotador y manguitos mientras la rocían con todo tipo de espumas, polvos y líquidos pringosos. La veo apoyada en un árbol en el que sus compañeros/as han colgado un enorme cartel que ella tiene que ir leyendo mientras prosiguen en su afán por ensuciarla. No entiendo con claridad qué es lo que dice pero, a juzgar por las risas, debe de ser algún texto satírico sobre la profesión. Cada pocos minutos, alguien pronuncia en alto una palabra y la ragazza empina la botella de prosecco que lleva sujeta con celo a su mano. Al rato, otra persona entona a gritos el Dottore, dottore que el resto corea.

Llegan Lola y Sara y nos vamos a comer. Apoyada en la ventana del bar, veo pasar a algunas estudiantes con coronas de laurel en la cabeza y a otros graduados, semidesnudos, cruzar velozmente el “pasillo” que le hacen sus compañeros mientras le  propinan todo tipo de golpes. Acaban con la espalda roja y magullada.

La plaza está tomada por las elegantes familias de los/as graduados/as que disfrutan del aperitivo en las terrazas. Entre ramos de flores, flashes y el eco del obsceno “Dottore, dottore del buco del cul, vaffancul, vaffancul…!” recuerdo la fiesta de mi graduación: fue menos ruidosa, más controvertida pero igual de feliz.